“Hubo un tiempo en el que el llano era un mar de cereales. En los días ventosos de primavera, las espigas se revolvían igual que la superficie del océano. Olas verdes y fragantes a la espera del sol de verano. El mismo que ahora hacía fermentar la arcilla y la rompía hasta convertirla en polvo”.

Intemperie. Jesús Carrasco